Se denominan descartes pesqueros al conjunto de peces y demás organismos que quedan accidentalmente atrapados en las artes de pesca y que a continuación vuelven a tirarse al mar. La definición de descartes de la  FAO incluye tanto las especies marinas que son objeto de explotación comercial como cualquier otro animal marino capturado de forma incidental, por ejemplo, los crustáceos, los moluscos, y los mamíferos marinos y las aves marinas.

Existen distintas razones por las que se producen los descartes pesqueros

Por cuestiones  legales, debido a que la captura no alcanza la talla mínima exigida para su desembarque, si se agota el TAC impuesto a dicha especie o si la especie capturada se encuentra en moratoria.

Por cuestiones comerciales, por descarte de especies de escaso valor comercial; pescado que en el proceso de izado a bordo vio deterioradas sus propiedades físicas; aunque la captura cumpla con la talla mínima exigida puede interesar descartarla para centrarse en individuos de mayor tamaño y por lo tanto mayor valor comercial.

Para un barco de pesca, tener un alto porcentaje de capturas implica además los siguientes problemas asociados

Gasto de combustible en arrastre empleado para capturar especies no rentables económicamente.

Mayor número de horas de trabajo para separar las capturas objetivo de las que no lo son.

Peor estado de las capturas objetivo debido a la presencia de especies no deseadas por mayor presión en el copo (aglomeración de individuos con el consiguiente aplastamiento) y por la aparición de especies con partes duras que dañan la superficie de peces y cefalópodos.

Las capturas accesorias y los posteriores descartes tienen consecuencias negativas diversas

Las capturas accesorias suponen un desperdicio de potenciales recursos alimenticios.

La captura de juveniles pertenecientes a especies objetivo implica reducir el potencial de captura de dichas especies en el futuro, así como una reducción de la biomasa reproductora, puesto que los juveniles capturados dejarán de contribuir a las temporadas de reproducción.

El descarte de individuos maduros de especies objetivo representa un desperdicio y reduce inmediatamente la biomasa reproductora de la  población.

La captura y descarte de pescado, crustáceos, aves y mamíferos marinos que no son objetivo de la actividad pesquera tienen un efecto negativo innecesario sobre el ecosistema marino y sobre la biodiversidad sin que se obtenga ningún beneficio para la sociedad.

Las principales soluciones ante altos porcentajes de descartes son por un lado la mejora de la selectividad de los artes de pesca, y por otro el aprovechamiento, cuando sea posible, de las especies no objetivo para consumo humano u otros usos alternativos.
 

Uno de los elementos clave da reforma da Política Pesquera Común (Reglamento 1380/2013, DOL 354/22 de 28.12.2013) es el intento de reducir las capturas no deseadas y eliminar gradualmente los descartes. No es sencilla la solución a este problema, si bien la reforma obliga al desembarque de los descartes pesqueros de todas las especies sometidas a Límites de Captura, aunque finalmente se permitirá un margen mínimo de descartes del 7%, que se reducirá desde el año 2015 al 5% en cuatro años. Estas excepciones, sin embargo, se aplicarán en casos en los que resulte muy difícil incrementar la selectividad, en casos probados de daño económico o social a la comunidad y requerirán la conformidad de la Comisión, que deberá solicitar al Estado interesado.

Una de las estrategias más empleadas históricamente para enfrentarse al problema de las capturas no deseadas, y por lo tanto a los descartes pesqueros, es el desarrollo técnico de los sistemas extractivos empleados comercialmente, dado que las características de estos determinan significativamente el tipo y cantidad de las capturas incidentales generadas por una flota (Rochet, 2005).

De lo anterior se deduce la importancia de invertir esfuerzos en investigar nuevas  tecnologías y desarrollos de artes de pesca y/o dispositivos que reduzcan las capturas de especies no deseadas mejorando la selectividad de los artes. Esta estrategia está además avalada por el hecho de que, en comparación con otras, cuenta históricamente con una mejor aceptación por parte del sector (Catchpole et al., 2008).

La selectividad de un método extractivo puede ser definida como la capacidad de este para capturar exclusivamente la fracción de interés comercial. Las propiedades selectivas de un arte de pesca pueden ser mejoradas mediante su evolución técnica.

El aprovechamiento de las capturas no deseadas o descartes implica su conservación a bordo para su descarga en tierra. El tipo de aprovechamiento variará según la especie de la que se trate. En muchos casos son especies perfectamente utilizables para venta para consumo humano, de forma que lo que se requiere es crear un nicho en el mercado para ellas. En otros, o no son utilizables para la venta por sus características de composición u organolépticas, o por estar por debajo de límite de talla legal.

Cuando el destino para consumo humano se cierra, aparece un abanico de posibilidades de valorización (harinas, aceites, colágeno,…) estudiadas, aunque para muchas de ellas aún no existe un industria asentada.

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